Discutir la reforma electoral no es un tabú

Por: Luis Ángel Jacomé

El 28 de abril de 2022 se presentó la iniciativa del ejecutivo federal de reforma electoral. Se persigue disminuir el estratosférico costo de los procesos electorales, mientras se ajusta la representación política nacional y se discute el modelo de comunicación política en el que los partidos políticos son los ganadores, en la medida que los concesionarios de radio y televisión se ven obligados a ceder sus audiencias.   

Sin embargo, con la misma soberbia que caracterizó a los tecnócratas de los años del neoliberalismo, la oposición de Acción Nacional y el Revolucionario Institucional, así como algunos comentaristas, salieron de inmediato a vociferar sobre lo que debe pensar la ciudadanía acerca la reforma electoral; la pretensión de este bloque es que ignoremos la propuesta de reforma del presidente, lo cual por supuesto no sucederá.

Si bien no tienen ninguna autoridad (ni legal, ni moral) para decirle a la ciudadanía cómo deben pensar y sobre qué temas hablar y cuáles no, tampoco tienen vocación al diálogo, ni a la contrastación de ideas. Pero menos aún tienen coherencia, porque mientras por una parte gritan “no hablemos de la reforma electoral del presidente”, por la otra ya defienden su propuesta de reforma electoral.

Debemos evitar que la discusión sobre el sistema electoral mexicano caiga en esos marasmos discursivos de la oposición. Hoy es el momento de discutir sobre cómo hacemos más baratos y seguros nuestros procesos electorales, cómo comenzamos la transición al voto electrónico, y cómo se van a comunicar los partidos políticos con la ciudadanía. Como también sería posible discutir el número de legisladores que integran cámara de diputados y senadores.

Estos mismos partidos durante décadas se dedicaron a proponer modificaciones a la constitución para “adecuarla a los tiempos que corren”, pero hoy que desde la Cuarta Transformación se identifican áreas de mejora para nuestro régimen democrático prefieren cerrarse al debate, como si de las tablas de Moisés se tratase, y no de aquella constitución que modificaron para permitir la participación privada en el sector petrolero (el pueblo no olvida).

En próximos días se conocerán las posturas y propuestas de reformas electorales de las otras fuerzas partidistas, las analizaremos y contrastaremos. ¿Cómo quisiera la oposición que fuera la cancha en 2024 y cuál es su objetivo? 

La oposición llama a no discutir la reforma electoral por su aritmética legislativa, pues saben que la reforma electoral del presidente López está alineada con la percepción ciudadana contra el dispendio en procesos electorales, contra la partidización de las autoridades electorales, contra el número quizás excesivo de legisladores y el gasto que ello implica.  

No olvidemos que un sistema electoral debe contar primordialmente con la confianza y legitimidad de la ciudadanía para generar estabilidad, ¿la ciudadanía está de acuerdo en lo que cuestan los partidos políticos y autoridades electorales?, ¿cuenta nuestro sistema electoral con dicha legitimidad? Al tiempo. 

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