Homeopatía, ¿a poco si “jalan” las gotas y los chochitos?

Por: Andrés Rodríguez

Un tema que siempre abre debate, ¿la homeopatía en verdad funciona o es puro cuento? Bueno, podemos tomar diferentes posturas al respecto, de acuerdo a las evidencias que muestra la ciencia o de acuerdo a las experiencias que tuvimos probando diferentes alternativas para tratar una enfermedad. La homeopatía siempre ha sido cuestionada, pero si nosotros la vamos a cuestionar o defender, debemos de saber ¿qué es la homeopatía? ¿cómo funciona? ¿cuál es su origen? y ¿cómo ha sobrevivido a tantos años de desarrollo tecnológico de la medicina moderna?

PRINCIPIOS DE LA HOMEOPATÍA

Vamos por pasos, el primer principio de la homeopatía parte de que “Lo similar cura lo similar”, dícese de utilizar ingredientes que causan los síntomas que se desean curar, por ejemplo, tratar alguna roncha con una mezcla a base de veneno de abeja; parece tener sentido, pues para crear los antídotos contra el veneno de ciertas serpientes se utiliza el mismo veneno de esas ciertas serpientes, pero estos métodos no parten del mismo principio.

El segundo principio de la homeopatía es el de “Potenciación”, la idea es diluir y agitar los ingredientes para activarlos y mejorar sus efectos. Para este segundo principio, el ingrediente ‘activo’ es disuelto en alcohol o agua destilada. El doctor homeópata disuelve una parte de la solución en nueve partes de agua, lo que nos da como resultado una solución 1:10 de su concentración original, esta es agitada para ‘potencializar’ su efecto; así, se dice que este compuesto tiene una potencia 1X (el 1 nos dice la cantidad de veces que se realizó la disolución y la X es el número 10 romano, que nos indica una parte de activo por 9 partes de agua). 

Hay diferentes tipos de potencias, por ejemplo, si tomamos una parte de la solución 1X y la disolvemos en 9 partes de agua, tenemos ahora un remedio potencia 2X (doble disolución de una parte de activo por nueve partes de agua). Así, se tiene diferentes potencias, como 3X, 4X, 5X, etc., y el remedio final es el que se suministra vía oral mediante gotas o con pequeñas pastillas de azúcar, los famosos “chochitos”.

¿Y CUÁL ES EL PROBLEMA?

El centro de los cuestionamientos se encuentra en la potenciación, ya que un remedio con potencia 20X, en escala, sería como diluir una aspirina en todo el Océano Atlántico. Incluso existen potencias como la 30C, la C (número 100 romano) nos indica que debemos diluir una parte del activo en 9 partes de agua y efectuar esa disolución 30 veces, lo que nos deja una solución 1:1,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000 (uno a un decillón) de la concentración original. Esto significa que, si quisiéramos un “chochito” homeopático que tuviera un solo átomo del compuesto original, este deberá tener un diámetro igual a la distancia del sol a la Tierra (150 millones de kilómetros).

En la homeopatía se supone que mientras más disolución haya del compuesto original, el remedio resulta más eficiente, algo que físicamente no tiene sentido. La disolución de los activos resulta tanta que en una potencia 30C no llega a quedar un solo átomo del compuesto del ingrediente activo. La explicación homeopática dice que después de que se agita la mezcla, esta potencializa su efecto y deja una esencia del activo con cada disolución adicional, al final, el agua mantiene esa ‘esencia’ del ingrediente activo, aunque no quede un solo átomo de este en el remedio real. 

ENTONCES, ¿POR QUÉ ESTÁ VIGENTE Y, EN OCASIONES, EFECTIVA?

Bueno, vamos al pasado, al siglo XVIII, cuando la medicina tenía ciertos procedimientos que empeoraban la salud y el bienestar de los pacientes. Entonces, el médico alemán Samuel Hahnemann desarrolló la homeopatía como una alternativa de curación, natural y no invasiva. Posteriormente, estos tratamientos se volvieron populares rápidamente, ya que, no hacer daño resulta mejor que hacer el daño que ocasionaban los experimentos que realizaban los doctores de esa época.

Había algunas reglas estrictas que Hahnemann mantenía en sus tratamientos, prohibía cosas como el café, el té, el alcohol, comida picante, azúcares, cebolla, carne, trabajo sedentario, montar a caballo, la masturbación, lectura de novelas eróticas y un montón de cosas más (sí, le quitaba lo divertido a la vida). De acuerdo a Samuel, seguir estas reglas, en conjunto con sus tratamientos, daría como resultado la mejora del paciente. Claro que hoy en día, muchas de estas reglas ya no se siguen, pero muchas otras sí, los doctores homeópatas aún dictan algunas dietas y reglas a seguir dentro de sus tratamientos.

Bien, aunque parezca no haber magia en los tratamientos homeopáticos, no quiere decir que no tengan resultado alguno. Cuando funcionan, tienen un efecto, un solo efecto importante en la mente, el efecto placebo. El efecto placebo es totalmente real, ayuda a muchas personas a curarse de varias enfermedades, este efecto funciona en adultos, niños e incluso en animales. Un placebo se ve fuertemente influido por la confianza en el tratamiento y el entorno emocional que se tenga de la enfermedad y el remedio.

Y AL FINAL, ¿QUÉ ONDA?

En México, con un promedio de 2.1 médicos por cada mil habitantes hasta el 2020, resulta complicado que un médico pueda proporcionar la atención que desearía o necesitaría un paciente con ciertas enfermedades y ciertos malestares físicos. Usualmente, una consulta con un médico homeópata resulta más amena, más duradera y más personal que una consulta con un médico normal. El entorno de atención y empatía, la calma y el origen natural de un tratamiento homeopático, puede influir en las emociones del paciente y generar una sensación de confianza para que el tratamiento tenga el efecto deseado.

El objetivo de la medicina moderna y de la homeopatía es mismo, ayudar a las personas a que curen sus enfermedades. La medicina moderna funciona aportando compuestos científicamente probados que causan diferentes efectos en nuestros cuerpos para poder curarnos. La medicina homeópata funciona aportando acciones a nuestro día a día que nos mantienen en un estilo de vida más saludable y aporta a nuestra mente un estado de ánimo y de confianza, que nos ayuda a sentirnos tranquilos y propiciar nuestro alivio.

La medicina moderna a veces puede curar el cáncer, pero a veces no. La medicina homeópata a veces puede ayudarnos a mejorar, pero a veces no. Así que, sea como sea, con el tratamiento que se elija tomar, si funciona, no debería de existir problema. Cada uno de nosotros es diferente, tenemos cuerpos y estilos de vida diferentes, por lo tanto, nos pueden servir o no tratamientos diferentes. Lo importante es tener cuidado de no tomar alguna alternativa que termine afectando a nuestro cuerpo. 

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