NRDA: Nos reservamos el derecho de admisión

Ricardo Peralta Saucedo

México correcto, no corrupto

Si se quiere realizar un cambio profundo, donde se proyecte una nueva organización social y estatal, se requiere también de un aparato orgánico que impulse doctrinariamente al voto y “construya civilidad”. Se les conoce como partidos, una forma de fraternidad.

Estos partidos grandes se identifican por trascender en sus legados ideológicos y de tradición con una formación política admirable. Por lo menos así se pueden reconocer los partidos políticos que han mantenido su vigencia en gran parte del mundo, donde su alma se llama institucionalidad y disciplina. También existen los micropartidos, los que están identificados primordialmente por realizar actos miserables, por carecer de guía política, perturbando las incipientes formaciones donde su destino es el de desaparecer en breve, así lo señala el analista político Alexis de Tocqueville.

Con esto último, me refiero primordial mente al casi extinto PRD, donde se llegó a establecer una gran esperanza de millones de personas que creyeron en una representación de una izquierda auténtica. La realidad es que se convirtió en una horda de caníbales, hoy subsiste porque ya no tienen nada que comer entre ellos, están solos. El riesgo para los partidos como el PAN y el PRI es que entraron a un desgastante y desprestigiado proceso de oligarquización de sus dirigentes, donde las bases sociales prácticamente no existen, se convierten en titiriteros creyendo que con tomar decisiones cupulares hacen democracia, cuando en realidad es solamente imponer sus intereses políticos. Los triunfos y las derrotas electorales en México se deben principalmente a las estructuras locales, la designación de candidaturas podría convertirse en el talón de Aquiles que provoque las desbandadas de un instituto político a otro, ya que la suma de agravios se convierte rápidamente en venganza. El derecho al voto legitima a los representantes populares y a los gobernantes, así como a los sistemas electorales y propicia la ampliación de los derechos sociales, donde se integran cada vez sectores más amplios de la población con decisión de voto masivo más allá de los partidos. Ya se ha demostrado que la fortaleza nacional de un partido no necesariamente se replica en las elecciones locales, en México la población electoral reacciona en virtud de la percepción de gobierno que ejercen los miembros de cada partido. Un bache en la calle, un acto de corrupción evidenciado y la influencia de las redes sociales y los medios informativos, aun con noticias falsas, son factores que impactan en la decisión del electorado. Habrá que identificar qué tipo de partidos existen en nuestro país, de élites o de masas, como lo señala Max Weber. Como se sabe, los primeros se caracterizan por integrar a personajes destacados, profesionistas que ejercen un liderazgo político como segunda actividad, pero sin gran capacidad de convocatoria; los segundos desarrollan una burocracia articulada que construye un Estado social constitucional.

Este fin de semana, en una mecánica propia de la teoría científica, es decir, de prueba y error, se celebraron unas inéditas elecciones que deberían de ser anuladas, como ensayo estuvo bien, pero como un acto de prestigio democrático careció de inclusión, transparencia y pluralidad.

La membresía de ser militante no debe parecer el lema anacrónico utilizado en las 3 últimas décadas del siglo XIX, en los lugares sociales de alcurnia (NRDA “Nos Reservamos el Derecho de Admisión”). La incapacidad de integrar a personas con derechos son prácticas de algunos partidos comunistas, el derecho a votar es para abrir y ampliar los resultados a nuevos grupos de electores, sobre todo a aquellos que se identifican con la doctrina, pero también con los temas nacionales, sectoriales e individuales, jóvenes, mujeres, profesionistas y universitarios, sindicalistas, campesinos, transportistas y líderes sociales. Morena tiene que abarcar mayores adeptos guiados por caras nuevas, refrescar sus fundamentos e ideología, y publicitarlos con nuevos discursos en tiempos no electorales, evitar ser líderes de ocasión, donde solamente aparecen en la jornada electoral para pedir el voto.

Morena tiene que regresar a ser el movimiento social que nos sigue apasionando y donde el obradorismo debe ser la única sangre que la nutra. Más patria y menos élite.

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